Chef en casa: con 24 años crearon una línea de platos gourmet que le compite al delivery

Fuente: La Nación ~ La vorágine del día y las exigencias de un buen paladar se vuelven, muchas veces, incompatibles. En la pulseada, prima el cansancio y con él los malos hábitos ante preguntas recurrentes e inevitables como: «¿Qué comemos hoy?».

El resultado es casi un presagio. Cuando cae la noche, el «síndrome» delivery, las comidas recalentadas o los congelados con sabor uniforme compiten en hogares y heladeras de los argentinos y vencen a la cocina, al tiempo y a su mala prensa.

La carta se compone de 32 platos a base de pollo, carne o pescado, principalmente La carta se compone de 32 platos a base de pollo, carne o pescado, principalmente Crédito: Simpleat

Atrapados en esta misma disyuntiva, dos veinteañeros empleados en empresas multinacionales afrontaron el reto de la propia rutina y encontraron una alternativa difícil de abandonar: una línea de comidas gourmet y envasadas al vacío, listas en 15 minutos en agua hirviendo.

«Nos dimos cuenta de que no éramos los únicos que vivíamos acelerados, a mil, y nos preguntábamos a diario qué comer. Desde el principio, buscamos ofrecer una solución y que se nos viera como la carta de un restaurante pero en el freezer», cuenta Tomas Iakub, co-fundador de Simpleat, una marca que desafió al mercado en apenas unos meses y ya tiene miles de seguidores.
Un chef en casa

Con una inversión inicial de 85.000 dólares y un modelo innovador, Simpleat se convirtió en un proyecto que les permitió a sus creadores destinar horas libres al descanso, deporte y amigos, y les dio en simultáneo la chance de comer berenjenas a la parmesana, pollo oriental a la naranja, sopa de zanahorias y curry o vacío con cremoso de papa, entre otras propuestas, a un precio accesible (cada plato en promedio ronda los 120 pesos).

Tomás Iakub, co-fundador de Simpleat, dice que aprendió a cocinar gracias al emprendimiento Tomás Iakub, co-fundador de Simpleat, dice que aprendió a cocinar gracias al emprendimiento Crédito: Simpleat

La idea se gestó a fines de diciembre de 2015 en los cerebros de dos jóvenes emprendedores: un licenciado en Economía Empresarial de la Universidad Torcuato Di Tella y exempleado de una conocida cervecería, y su socio, Kenneth Sly, graduado en Administración de Empresas de la Universidad San Andrés y exejecutivo de una importante consultora. Sin embargo, tomó forma definitiva dos años después y desde allí hoy traza su futuro.

Al principio el cliente seleccionaba los platos en una plataforma on line y, finalizada la compra, llegaba a su casa una caja con los ingredientes necesarios para armarlos. El concepto era: «Nosotros te mandamos todo y vos cocinás», recuerda Tomás, enfocado en la gestión de ventas y marketing del negocio.

Buscamos ofrecer una solución y que se nos viera como la carta de un restaurante pero en el freezer

Tiempo después un estudio de mercado y el feedback sincero de familiares los llevó a cambiar la perspectiva y simplificar aún más los procesos. «Si intentábamos crear una solución para todos los días, la experiencia de cocción tenía que ser fácil y la gente tenía que pensar lo menos posible. Fue ahí cuando decidimos lanzar los productos congelados y logramos dar en la tecla», subraya.

Sin dudas, en la concepción del producto un paso clave fue el de contratar a una chef ejecutiva para diseñar los menúes y encontrar así la combinación perfecta entre la carne, el pollo y el pescado con sus acompañamientos, porque la premisa que recorrió siempre este proyecto fue que lo que hicieran tenía que rico y sabroso. Más tarde, incorporaron al equipo a una gerenta de felicidad, análoga a la figura de consumer centric de empresas tipo Amazon, cuya función es literalmente garantizar que el consumidor esté feliz con la experiencia y manejar los contratiempos.

Uno de los puntos clave del proyecto fue el sous-vide o la cocción al vacío, un método francés con amplia trayectoria Uno de los puntos clave del proyecto fue el sous-vide o la cocción al vacío, un método francés con amplia trayectoria Crédito: Simpleat

La última instancia, tal vez la más complicada de resolver, se centró en la técnica y la respuesta vino de Europa. Enseguida, adoptaron el sous-vide o la cocción al vacío, un método francés con amplia trayectoria en el exterior y que en países como la Argentina recién empieza a implementarse. El éxito descansa en una ecuación entre tiempo y temperatura, que permite que aquello que se cocine, no se evapore y se preserven sus condimentos naturales, como ocurre con la bondiola con salsa teriyaki -una de las especialidades más solicitadas- en la que la cocción demora 12 horas en el centro de producción y sólo 15 minutos en la casa del cliente.

«La comida es congelada pero natural gracias a esta técnica. No tiene conservantes, ni ningún aditivo. Lo que más se valora es precisamente que la comida tenga gusto y que uno pueda alimentarse mejor», aseguran desde Simpleat.


Nuevos matices

Actualmente la carta se compone de 32 platos, que varían según las preferencias de los consumidores y la estacionalidad de los productos utilizados. Cualquiera de ellos se comercializa en forma de packs sueltos, semanales y quincenales, y una variedad de opciones gourmet, saludables y vegetarianas. A futuro, planean cubrir nuevas demandas, con otras líneas de negocio, algunas más de nicho, como fitness, y otras exclusivas para familias.

Por lo general, su público más fiel coincide con el que imaginaron desde el principio, cuando la idea no estaba materializada: la «generación sin tiempo», es decir, el grupo comprendido entre 22 y 45 años, solteros, en pareja o divorciados, que eligen no cocinar al terminar jornadas intensas de estudio y trabajo. Sin embargo, también emergen otros impensados y que generan un volumen importante de ventas: el sector que supera los 60 años y aquellas familias que dejaron de lado las idas al supermercado y se «stockean» cada vez más con sus propuestas.

El año pasado recibieron el premio Potenciate Gastronómico, que reconoce proyectos innovadores de la industria El año pasado recibieron el premio Potenciate Gastronómico, que reconoce proyectos innovadores de la industria Crédito: Simpleat

De cara al futuro y pese a su corto recorrido, los creadores de Simpleat descubren -mientras revelan detalles del proyecto- su condición de emprendedores innatos, una característica que se reforzó después de consagrarse con el Potenciate Gastronómico, la distinción que otorga el gobierno de la Ciudad a proyectos innovadores para la industria.

En los próximos meses buscan darle nuevos matices a los logros y no confiarse demasiado de los beneficios que traen aparejados las buenas rachas. Por eso, ahora se encaminan a desarrollar cuatro puntos de venta en la Capital Federal y a abrir franquicias en el interior. En una segunda etapa no descartan cruzar la frontera y probar suerte en el exterior del país. «Le ponemos tanto foco a la marca que queremos que eso se refleje en lo que pasa. Primero apuntamos a estar fuertes acá, en Buenos Aires, luego en las provincias y, por último, afuera», sintetizan sin perder la ambición y las ganas de crecer en el negocio.

LA CARA SOCIAL Y SUSTENTABLE DEL PROYECTO. El proyecto se topó, en mayo pasado, con su cara más social y sustentable. Tomás y Kenneth, de Simpleat, se unieron a la organización Formar y a la reconocida chef y youtuber gastronómica Felicitas Pizarro para capacitar a mujeres del barrio Iapi, en Quilmes, elaborar en conjunto un menú de Carbonada y venderlo a través de su plataforma on line. ¿El resultado? Las ganancias se destinaron en su totalidad a esta comunidad con el fin de brindarles una mejora a su realidad económica. «Entendemos que este es un primer paso de un proyecto social mucho más grande, donde buscamos replicar esto mismo en más barrios y poder así generar un impacto a gran escala», enfatizan sus creadores.


Ficha técnica

Inversión inicial: 85.000 dólares
Capacidad de producción: 13.000 platos mensuales con una plataforma montada que tiene posibilidad de ampliación.
Equipo: compuesto por personal de producción (5 personas) y personal de compras, administración y ventas (6 personas).
Puntos de venta: 1 en el Mercado de Belgrano y 4 en lo que resta del año, con inversión una aproximada de 370.000 pesos (incluye el stock de productos).

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