La comida no se tira: quiénes son los rescatistas de 649 toneladas de alimentos de casamientos, fiestas y eventos

Fuente: Infobae ~ Guillermo Fernández, Gustavo Aguilar y Daniel Jofre se pusieron el kit necesario para rescatar 120 kilos de comida: guiso de lentejas, arroz con pollo, algo de relleno para empandas, algunas manzanas y hasta pan para celíacos. Si no fuera por el trabajo de Proyecto Plato Lleno tal vez este excedente de comida de un catering hubiese terminado en la basura. En cambio, gracias a la colaboración de donantes y voluntarios, estos alimentos se sirvieron en la mesa del Comedor Arco Irís en Mendoza.

En la Argentina se desperdician por año 16 millones de toneladas de alimentos aptos para el consumo. Bajo la consigna “la comida abunda y nosotros trabajamos para mejorar su distribución” la ONG Proyecto Plato lleno asumió el compromiso y hasta febrero de 2020 llevan recuperados 643 toneladas, con una meta clara: terminar con el desperdicio.

La iniciativa sin fines de lucro nació en 2013, a partir de la idea de un grupo de amigos. “Detectamos la problemática de las sobras y la necesidad de buscarle un buen destino”, explicó a Infobae, Rafael Barrio, coordinador general de la fundación.

No todo sirve para ser rescatado. La comida excedente es “a aquella que permaneció en la cocina dentro de sus placas de cocción o recipientes de guardado sin que haya sido tocada por el comensal”, agregó Barrio.

¿Cómo funciona? Los rescatistas entran durante el evento, embalan lo que no se consumió y lo distribuyen cuanto antes. Para esto organizaron un sistema de recolectores y voluntarios. “Lo recuperado en casamientos, cumpleaños o fiestas empresariales, lo seleccionamos y lo repartimos de manera inmediata en comedores sociales y hogares que quieran y puedan recibirlos. Nuestro rol es facilitarle toda la logística para que no les genere un trabajo extra”

Un plato lleno equivale a un desayuno, merienda, almuerzo ó cena de 500 gramos por persona. “Queremos generar conciencia acerca del desperdicio de alimentos, basamos nuestro trabajo en el respeto hacia las personas que lo entregan, quienes lo rescatan y quienes lo reciben”, aseveran desde la entidad.

Este modelo ya se replica en varias ciudades de la Argentina: entre ellas Morteros, Buenos Aires y San Martín de los Andes. Y que también cruzó las fronteras y se despliega por Brasil, Paraguay, Costa Rica y Uruguay. “La necesidad de alimentos es un fenómeno global”.

¿Qué se puede donar? Cualquier tipo de alimentos inclusive postres, a excepción de helados o productos con una alta exigencia en mantener la cadena de frío.

Para recolectar las donaciones, cada uno de los voluntarios tiene un kit de rescate con elementos descartables que utilizan para trasladar la comida “en perfectas condiciones bromatológicas. Tienen que tener una capacitación básica sobre cómo manipular los alimentos”.

Los receptores son una parte esencial de la cadena. De esta manera se ideó un programa que se propone brindar mejoramiento a la infraestructura de comedores, merenderos y hogares, talleres y cursos gratuitos para que tengan más herramientas y aprendan nuevas formas de aprovechar los alimentos. Al Patio de Juana, ubicado en Parque Avellaneda, fundado por Diego Azurduy, acuden todos los días más de 300 chicos a retirar platos de comida. “Pensamos la manera de utilizar lo donado, a veces se cocina en el comedor, otra veces se preparan bolsitas comunitarias o se redireccionan a otros espacios que los necesiten”, dijo el coordinar.

“Sólo para el 2020 nos propusimos superar las 300 toneladas”, explicaron desde la entidad. Por eso el cambio de conciencia es fundamental. “El mayor porcentaje de desperdicios de alimentos en restaurantes se produce en la comida que dejan los comensales”.

Que en la Ciudad de Buenos Aires se haya aprobado una Ley Donal que obliga a todos los restaurantes a entregar los doggie bags para que los clientes puedan disfrutar de lo que pagaron y no consumieron, se alinea con la misión de la fundación. Esta normativa heredada de los Estados Unidos está instaladísima en el país. Hace un par de años para algunos podría parecer ridícula, hoy el escenario es otro y ya tomó fuerza en varios locales gastronómicos.

En esta misma línea, cada vez son más las empresas y particulares que se suman y solicitan “rescates”. Ya se registraron 223. “Muchos de ellos lo hacen regularmente, incorporando en sus tareas cotidianas el cuidado y respeto por aquellos alimentos que no pueden comercializar pero que sí pueden ser aprovechados”.

Cómo ayudar. Hay tres categorías de voluntarios para participar: Voluntario Rescatista (aquél que asiste a los rescates de alimentos debe tener una formación en la manupulación de alimentos), Voluntario Ecónomo (aquél que contribuye con dinero para gastos y compra de materiales) y Voluntario Profesional (aquél que aporta sus servicios para algún requerimiento particular del proyecto).

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